miércoles, 16 de marzo de 2011

EL MONSTRUO DE RIO CLARO

Hola niño, ¿Quieres un dulce?

La ciudad de Rio claro Brasil ubicada a 240 kilómetros de la costa es cuna de uno de los asesinos seriales más crueles de la historia, Laerte Patrocinio Orpinelli también llamado popularmente “el monstruo de rio claro” o “nómada de la muerte”.

Su simpatía con los niños y los adultos siempre se sobrepuso a su aspecto terrible; su ropa siempre andrajosa, uñas sucias, cabello despeinado, ojos rojos y sin afeitar no eran motivo suficiente para alejarse del monstruo ya que estaba armado con caramelos que jamás faltaban en sus bolsillos. De esta manera y con su “arsenal” de azúcar le era relativamente fácil llevar a los niños a lugares desolados donde los violaba antes y después de quitarles la vida.

Sus víctimas eran pequeños de entre 4 y 10 años de edad normalmente de escasos recursos a los cuales convencía con algunas golosinas que les obsequiaba prometiendo un mayor número si le acompañaban a su casa.

Así fue como Laerte consiguió sus primeras dos víctimas reconocidas oficialmente, de nombre José Fernando de Oliveira y Marina Pereira Barbosa de 9 y 10 años respectivamente, cuyas osamentas fueron encontradas 9 meses después de su desaparición, sin embargo no fueron tomados en cuenta debido a que eran casos “aislados”.

Pasados algunos años fueron reportados más cuerpos de niños, todos ellos según el forense habían sido asfixiados o molidos a golpes hasta morir, esto despertó la curiosidad de la policía y empezaron a creer que el patrón apuntaba hacia una misma persona, pero no existían pruebas suficientes y la investigación se estancó por un largo periodo, la única pista era que en todos los acontecimientos un vagabundo tenia presencia.

Este despiadado asesino lograba su cometido debido a que parte de su modus operandi consistía en conocer a los familiares de las víctimas tiempo antes de cometer sus delitos, debido a esto los niños se mostraban seguros porque pensaban "es amigo de mi papá" o "es amigo de mi tío".

Con una ciudad colmada en pánico surgió un poco de luz en la oscuridad, una mujer se dirigió a la jefatura de policía para reportar que un hombre semidesnudo llevaba a un par de niñas consigo hacia el bosque, la policía se movilizo y fue ahí cuando atraparon por primera vez a Laerte Patrocinio Orpinelli, fue trasladado y al poco tiempo liberado de la estación al no tener antecedentes penales, y no haber cometido ningún delito con esas niñas.

A inicios del año 2000 la policía por fin detiene al monstruo de rio claro y tras algunas investigaciones de su pasado se descubrió que gran parte de su vida la paso en instituciones psiquiátricas, y de pequeño era amarrado a una silla por su alta agresividad hacia otros niños, se cree fue violado a temprana edad por algún familiar cercano y como consecuencia su comportamiento reflejo una conducta delictiva.


La policía no podía creer lo que encontró en las pertenencias de Orpinelli, una libreta que tenía detalles de 27 ciudades por las cuales paso y un aproximado de 96 posibles asesinatos.

Cuando se inicio el interrogatorio, el asesino inmediatamente confeso un homicidio en el cual narraba haber violado y golpeado sin piedad a un niño hasta destrozarle el cráneo, consternado el policía continúo con el cuestionamiento ¿por qué lo hacía? y entre sus confesiones Laerte dijo:

-“Asesinar a un niño es como quitarle la vida a un pequeño pajarito”
-“Si el niño no se comportó lo maté a golpes, pero si el niño obedeció solo lo asfixiaba. Me alegro de ver a los niños aterrorizados”

Y al cuestionarlo por el número de homicidios dijo:
-“Al llegar a 100 deje de contar”

Durante su juicio Orpinelli admitió más de 100 homicidios pero versiones oficiales dicen que fue declarado culpable por cinco asesinatos y condenado a 92 años de prisión. Y otras más alegan que solo fue acusado por tres asesinatos y condenado a 61 años de prisión en cualquiera de los casos debido a su edad es muy seguro que jamás volverá a las calles.

En la actualidad Laerte cumple su condena en la cárcel de Sierra Azul esperando que el tiempo consuma su vida.

¿Tendrás la confianza de dejar que tus hijos acepten dulces de extraños?

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