sábado, 9 de abril de 2011

EL MONSTRUO DE LOS CAÑADUZALES

¿Quieres ganar buena plata? Ayúdame a cortar caña. Con la promesa de 15 mil pesos (7.5 dólares) por un trabajo relativamente fácil bastaba para que pequeños de bajos recursos de la región del valle de Cuaca en Colombia fueran atraídos a la mortal trampa de Manuel Octavio Bermúdez, “El monstruo de los Cañaduzales”.

Bermúdez es un asesino serial que operó entre 1999 y 2003 confesando 21 infanticidios pero se calcula que pudo haber cometido hasta 50 de estos horribles crímenes. Su caso conmocionó a la población que aún no se recuperaba de tener al segundo asesino en serie del mundo en cuanto al número de víctimas confirmadas, Luis Alfredo Garavito.

Por la naturaleza de los crímenes de ambos y dadas algunas similitudes en los dos casos es altamente probable que Bermúdez iniciara como un imitador de Garavito aunque modificaría su firma después de ser arrestado en el 2000 por intentar abusar de un menor y él mismo habría dejado intencionalmente una serie de pistas falsas para ensuciar el perfil y hacer que la policía siguiera pistas falsas e información errónea.

Para su última víctima, el destino venía en un camión de helado. Con ésta fachada inocente, El monstruo de los cañaduzales atrajo al pequeño Luis Carlos Gálvez de 12 años de edad sin advertir la presencia de otro vendedor quien extrañado por la invasión de su ruta de venta regular recordó fácilmente a Bermúdez después de ser interrogado por la policía investigadora. Fue sólo cuestión de horas encontrar al “nuevo” vendedor y su escondite en la colonia El Cairo, donde tenía recortes de periódico que mencionaban sus atroces crímenes, jeringas, relajantes musculares y la pieza central de evidencia el reloj propiedad de Luis Carlos.

Ante la evidencia abrumadora, Bermúdez confesó y dio la localización exacta del cadáver del niño, en un cañaveral como se había vuelto costumbre para él puesto que conocía perfectamente la zona al haber nacido y crecido en el Valle y fue trasladado hasta la capital del departamento, Cali, para confirmar las pruebas en su contra. Ahí, describió ampliamente su modus operandi que consistía en atraer a los niños entre 9 y 13 años con la promesa de darle 10 o 15 mil pesos si lo ayudaban a cortar espigas de caña, una vez en el lugar les inyectaba un relajante muscular para evitar que escaparan o los amenazaba con un cuchillo para después sodomizarlos violarlos sin la más mínima muestra de piedad y terminaba estrangulándolos y abandonándolos como cualquiera abandona a un objeto ya inservible.

A pesar de haber aceptado 21 asesinatos y declarar que tuvo contacto con más de 50 niños de la región, en febrero de 2004 fue condenado únicamente por el homicidio de Gálvez a 56 años de prisión, pena que le fue reducida a sólo 26 años por colaborar para hallar el cadáver y reconocer su culpabilidad.

Hasta el momento han sido hallados los restos de 17 niños en los municipios de Palmira, Pradera, Buga y Tulúa. En 2008 se editó un libro llamado “Crónicas de un asesino de niños. Manuel Octavio Bermúdez. El monstruo de los cañaduzales” escrito por Iván Valenca Laharenas donde se presentan los resultados de la investigación y se estudia el impacto del caso desde las perspectivas psicológica y criminalística así como el impacto de éstos crímenes en la sociedad.


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