jueves 20 de octubre de 2011

DYBBUK POSESION FANTASMAL

Las historias sobre personas poseídas son comunes en muchas culturas alrededor del mundo y el folklore judío no es la excepción. Un dybbuk es un espíritu que se adhiere a una persona y cambia su comportamiento para completar una tarea pendiente.  


Los dybbuk no son buenos o malos, tienen un comportamiento moral parecido al de los animales y su único interés es terminar una tarea que dejaron pendiente. Los dybbuk son espíritus sin cuerpo lo que quiere decir que no son necesariamente las almas de personas fallecidas.

Existen referencias a espíritus malignos en el antiguo testamento en los libros de Samuel y de los Reyes que tomaron posesión de personas clave en la historia del pueblo judío como el rey Saúl y el profeta Elías. Sin embargo la religión judía no acepta la existencia de posesiones demoniacas en el mismo sentido que lo hace la iglesia católica.

Los dybbuks poseen a personas que no están equilibradas en cuerpo y alma en estados de melancolía, psicosis, ansiedad o de gran necesidad. Entre las principales señales para distinguir una posesión de este tipo podemos mencionar que la persona poseída habla de cosas que normalmente no sabría o incluso hablan en lenguas que no conocen. En éste punto la única solución es un exorcismo.

El exorcismo judío debe ser practicado por un rabbí experto en la Cábala y un mínimo de 10 personas formando un círculo alrededor del poseído. El grupo recita tres veces el salmo 91 mientras el rabbí toca el shofar, un instrumento de viento fabricado a partir del cuerno de un carnero o cabra. Luego de debilitar y “despegar” al espíritu se le pregunta cuál es su misión y se hace una oración por el bien de ambos, el poseído y el dybbuk.

A veces un dybbuk puede actuar a favor del poseído apoyándolo o encaminándolo como un guía espiritual si su fuerza de voluntad no es suficiente para completar una tarea. Cuando el objetivo se cumple el dybbuk deja a la persona con un crecimiento espiritual.

Una posesión puede ser confundida con un problema psicológico. El rabbí Gershon Winkler cuenta una anécdota ocurrida en el siglo XIX: una mujer le llevó a su hija asegurando que estaba poseída. Al revisarla, el rabbí no encontró signos de posesión así que simplemente la envió a casa con un reloj que estaba programado para sonar a las 4:30 sin decirle a las mujeres. El rabí sólo les dijo que el dybbuk se iría exactamente a las 4:30. Al ser sorprendidas por la alarma las mujeres olvidaron el incidente con el espectro.

Los dybbuks se popularizaron debido a la película “La profecía del no nacido” donde la protagonista era poseída por uno de estos espectros cuya meta era vivir. Aunque no hay casos reportados sobre posesiones en los últimos años aun puede haber algunos espíritus esparcidos por ahí esperando a algún huésped descuidado para terminar las tareas inconclusas que dejaron atrás.
anteriores siguientes el fin del mundo